5.11.2013

Tribus que son cárceles para la mujer
Farwa está nerviosa. Va a casarse el 18 de mayo, justo una semana después de las elecciones en las que, por primera vez en los 65 años de historia de Pakistán, las mujeres de su comarca van a votar. Y sin embargo Farwa no puede hacerlo porque solo tiene 14 años. De poco sirve que la ley establezca en 16 años la edad mínima para el matrimonio (18, los hombres). En este rincón del Punjab, como en Sindh, Baluchistán y las regiones tribales, los intereses de terratenientes o jefes de clan mantienen a la sociedad anclada en el pasado porque el atraso y la ignorancia les garantizan una mano de obra abundante y barata para sus haciendas.
“Fui a la escuela hasta quinto y me gustaba”, cuenta Farwa, sentada entre un grupo de mujeres allegadas en una modesta casa de Rahmanwala, aldea a 40 kilómetros de Sargodha. “Quisiera haber seguido, pero mis suegros dijeron que tenía que aprender el arte de la cocina y a servir a mi marido y a su familia”, admite ante las preguntas de la periodista. Como es costumbre, el novio es un primo carnal. Tal es la mentalidad del lugar. Ninguna de las mujeres que la rodea cuestiona ese destino sin horizontes de una tradición a la que solo escapan las más acomodadas. El de Farwa no es un caso aislado. A su lado, su prima Bushera, de 15 años, sujeta en brazos un bebé de seis meses. ¿Pero no era 16 la edad legal para casarse?
“Inscriben el contrato a nivel local, pero no lo envían a una instancia superior. ¿Y quién se preocupa en Islamabad o en Lahore de venir hasta aquí para comprobarlo?”, explica Abdulbasit Farooq, responsable de distrito de Aawaz, un programa que promueve la capacitación de las mujeres y la igualdad social.

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